sábado, 1 de octubre de 2016

Elul, despedida




Queridos todos, hemos llegado al final de este recorrido.
Las puertas del año 5777 están por abrirse y tras ellas entrarán todas nuestras reflexiones, nuestras apuestas y esperanzas.
Los despido con un cuento para terminar este año con un susurro de nuestra tradición.
Les agradezco la compañía, sus comentarios, la presencia y el compromiso de haber transitado junto conmigo cada una de las emociones a las que este mes nos convocó.
Nos deseo un año pleno de preguntas, de búsquedas y de crecimientos.
Juntos, como sólo nosotros sabemos hacerlo.

¡Shana Tová umevorejet! 
                                                                                          Silvina


Un lugar en el Bosque


Baal Shem Tov era muy conocido dentro de su comunidad porque todos decían que él era un hombre tan piadoso, tan bondadoso, tan casto y tan puro que Dios escuchaba sus palabras cuando él hablaba.
Se había hecho una tradición en este pueblo: Todos los que tenían un deseo insatisfecho necesitaban algo que no habían podido conseguir iban a ver al rabino.
Baal Shem Tov se reunía con ellos una vez por año, en un día especial que él elegía. Y los llevaba a todos juntos a un lugar único, que él conocía en medio del bosque.
Y una vez allí, cuenta la leyenda, que Baal Shem Tov armaba con ramas y hojas un fuego de una manera muy particular y muy hermosa, y entonaba después una oración en voz muy baja... como si fuera para él mismo.
Y dicen...
Que a Dios le gustaba tanto esas palabras que Baal Shem Tov decía, se fascinaba tanto con el fuego armado de esa manera, quería tanto a esa reunión de gente en ese lugar del bosque... que no podía resistir el pedido de Baal Shem Tov y concedía los deseos de todas las personas que ahí estaban.
Cuando el rabino murió, la gente se dio cuenta que nadie sabía las palabras que Baal Shem Tov decía cuando iban todos juntos a pedir algo...
Pero conocían el lugar en el bosque. Sabían cómo armar el fuego.
Una vez por año, siguiendo la tradición que Baal Shem Tov había instituido, todos los que tenían necesidades y deseos insatisfechos se reunían en ese mismo lugar del bosque, prendían el fuego de la manera en que habían aprendido del viejo rabino, y como no conocían las palabras cantaban cualquier canción o recitaban un salmo, o solo se miraban y hablaban de cualquier cosa en ese mismo lugar alrededor del fuego.
Y dicen...
Que Dios gustaba tanto del fuego encendido, gustaba tanto de ese lugar en el bosque y de esa gente reunida... que aunque nadie decía las palabras adecuadas, igual concedía los deseos a todos los que allí estaban.
El tiempo ha pasado y de generación en generación la sabiduría se ha ido perdiendo...
Y aquí estamos nosotros.
Nosotros no sabemos cuál es el lugar en el bosque.
No sabemos cuáles son las palabras...
Ni siquiera sabemos cómo encender el fuego a la manera en que Baal Shem Tov lo hacía...
Sin embargo hay algo que sí sabemos:
Sabemos esta historia,
Sabemos este cuento...
Y dicen...
Que Dios adora tanto este cuento...
Que le gustaba tanto esta historia...
Que basta que alguien la cuente...
Y que alguien la escuche...
Para que él complacido, satisfaga cualquier necesidad.
Y conceda cualquier deseo a todos los que están compartiendo este momento...

Así sea...

Elul, día 29





Pregunta del día - 29 de Elul

Escribite un Cartis Brajá- una tarjeta de salutación para vos mismo/misma. El año está por comenzar y merecés los mejores deseos.


Un texto-inspiración

El rey y el príncipe

Los discípulos le preguntaron a Rabí Shimon bar Iojai: -¿Por qué debía el Eterno enviar el maná del cielo todos los días, no lo podría haber hecho de una vez para todo el año? Rabí Shimon respondió diciendo: "-Les voy a dar un ejemplo al respecto: Un rey tenía un hijo al que proveía una vez para mantenerse todo el año. El príncipe, por lo tanto, venía a ver a su padre una sola vez al año. Entonces el rey dispuso que le provean los gastos diariamente y así el príncipe comenzó a venir todos los días. Lo mismo pasó con la generación del desierto, si se los hubiese proveído una vez al año, seguramente habrían olvidado que tenían un proveedor en el cielo. 

Talmud, Tratado Ioma, 76